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sábado, 15 de fevereiro de 2014

Olaf Stapledon — Os Objetivos da Ficção Científica



Os Objetivos da Ficção Científica

David Pringle 

Durante mucho tiempo, la cf careció de una identidad claramente definida. En Gran Bretaña, algunos novelistas escribieron historias que prolongaban la tradición wellsiana. Tal vez el más conocido de ellos sea Aldous Huxley, aunque Olaf Stapledon, autor de La última y la primera humanidad (1930) y Hacedor de estrellas (1937), tiene fama de haber sido el más importante de todos.

Stapledon no bautizó a sus libros como de «ciencia ficción» –término cuya invención se supone que tuvo lugar en los Estados Unidos en 1929–, pero no cabe duda de que la tarea que se impuso fue la de iluminar, en forma de ficción, las perspectivas de la ciencia moderna. «Escribir novelas sobre el futuro lejano», decía en el prefacio de su primera novela,

(...) es intentar contemplar a la raza humana en su medio cósmico, y abrir nuestros corazones a nuevos valores.

Pero para que esa construcción imaginaria de futuros posibles sea poderosa, nuestra imaginación ha de estar sujeta a la más rigurosa disciplina. No hemos de trasponer los límites de la cultura particular en que vivimos. Lo meramente Fantástico sólo tiene un poder menor. No es que debamos buscar la profecía... Únicamente podemos seleccionar una hebra, de toda una maraña de posibilidades igualmente válidas. Pero tenemos que seleccionarla con una finalidad. La actividad a que nos lanzamos no es ciencia, sino arte...

Sin embargo, nuestro objetivo no consiste pura y simplemente en crear una ficción admirable desde el punto de vista estético. No se trata de crear ni historia ni ficción solamente, sino un mito. Un mito verdadero es aquel que, en el marco de una cierta cultura (viva o muerta), expresa de manera sublime, y a veces de un modo trágico, las creencias más importantes de esa cultura. (...)

Introdução de David Pringle às suas 100 Mejores Novelas de la Ciencia Ficción.

Olaf Stapledon - Hacedor de Estrellas #Download


Ler ou Baixar o PDF OnLine por aqui: http://www.slideshare.net/slideshow/embed_code/31246065"

Ou Baixar o ePUB neste link direto: http://minhateca.com.br/Herman.Schmitz/Marcianos.Cinema/Autores/Olaf+Stapledon/Hacedor+de+estrellas+-+Olaf+Stapledon,2817503.epub 

Olaf Stapledon — Hacedor de Estrellas (Prefácio de 1937)



Hacedor de Estrellas - Olaf StapledonPrefacio do autor

En un momento en que Europa corre peligro de una catástrofe mayor que la de 1914, este libro podría considerarse una inútil distracción; la defensa del mundo civilizado contra el barbarismo moderno es hoy desesperadamente urgente.

Jorge Luis Borges - Prólogo a Hacedor de Estrellas de Olaf Stapledon


Jorge Luis Borges

Nota preliminar à Hacedor de Estrellas de Olaf Stapledon

Hacia 1930, ya bien cumplidos los cuarenta años, William Olaf Stapledon abordó por primera vez el ejercicio de la literatura. A esta iniciación tardía se debe el hecho de que no aprendió nunca ciertas destrezas técnicas y de que no había contraído ciertas malas costumbres. El examen de su estilo, en el que se advierte un exceso de palabras abstractas, sugiere que antes de escribir había leído mucha filosofía y pocas novelas o poemas. En lo que se refiere a su carácter y a su destino, más vale transcribir sus propias palabras: «Soy un chapucero congénito, protegido (¿o estropeado?) por el sistema capitalista. Sólo ahora al cabo de medio siglo de esfuerzo, he empezado a aprender a desempeñarme. Mi niñez duró unos veinticinco años; la moldearon el Canal de Suez, el pueblito de Abbotsholme y la Universidad de Oxford. Ensayé diversas carreras y periódicamente hube de huir ante el inminente desastre. Maestro de escuela, aprendí de memoria capítulos enteros de la «Escritura», la víspera de la lección de historia sagrada. En una oficina, de Liverpool eché a perder listas de cargas: en Port Said, candorosamente permití que los capitanes llevaran más carbón que el estipulado. Me propuse educar al pueblo: peones de minas y obreros ferroviarios me enseñaron más cosas de las que aprendieron de mí. La guerra de 1914 me encontró muy pacífico. En el frente francés manejé una ambulancia de la Cruz Roja. Después: un casamiento romántico, hijos, el hábito y la pasión del hogar. Me desperté como adolescente casado a los treinta y cinco años. Penosamente pasé del estado larval a una madurez informe atrasada. Me dominaron dos experiencias: la filosofía y el trágico desorden de la colmena humana... Ahora, ya con un pie sobre el umbral de la adultez mental, advierto con una sonrisa que el otro pisa la sepultura».

La metáfora baladí de la última línea es un ejemplo de la indiferencia literaria de Stapledon, ya que no de su casi ilimitada imaginación. Wells alterna sus monstruos —sus marcianos tentaculares, su hombre invisible, sus proletarios subterráneos y ciegos— con gente cotidiana; Stapledon construye y describe mundos imaginarios con la precisión y con buena parte de la aridez de un naturalista. Sus fantasmagorías biológicas no se dejan contaminar por percances humanos.

En un estudio sobre «Eureka» de Poe, Valery ha observado que la cosmogonía es el más antiguo de los géneros literarios; pese a las anticipaciones de Bacon, cuya «Nueva Atlántida» se publicó a principio del siglo XVII, cabe afirmar que el más moderno es la fábula o fantasía de carácter científico. Es sabido que Poe abordó aisladamente los dos géneros y acaso inventó el último; Olaf Stapledon los combina, en este libro singular. Para esta exploración imaginaria del tiempo y del espacio, no recurre a vagos mecanismos inconvincentes sino a la fusión de una mente humana con otras, a una suerte de éxtasis lúcido, o (si se quiere) a una variación de cierta famosa doctrina, de los cabalistas, que suponían que en el cuerpo de un hombre pueden habitar muchas almas, como en el cuerpo de la mujer que está por ser madre. La mayoría de los colegas de Stapledon parecen arbitrarios o irresponsables; éste, en cambio, deja una impresión de sinceridad, pese a, lo singular y a veces monstruoso de sus relatos. No acumula invenciones para la distracción o el estupor de quienes lo leerán; sigue y registra con honesto vigor las complejas y sombrías vicisitudes de su sueño coherente.

Ya que la cronología y la geografía parecen ofrecer al espíritu una misteriosa satisfacción, agregaremos que este soñador de Universos nació en Liverpool el 10 de mayo de 1886 y que su muerte ocurrió en Londres el 6 de septiembre de 1950. Para los hábitos mentales de nuestro siglo, «Hacedor de estrellas» es, además de una prodigiosa novela, un sistema probable o verosímil de la pluralidad de los mundos y de su dramática historia.

Jorge Luis Borges

quinta-feira, 13 de fevereiro de 2014

Olaf Stapledon — Galeria de Capas


Galeria de Olaf Stapledon aqui: https://plus.google.com/photos/103998711237758699926/albums/5979925729483811985

No Pinterest: http://www.pinterest.com/hermanschmitz/olaf-stapledon-gallery/


William Olaf Stapledon (1886-1950), nació en Inglaterra. Fue maestro de escuela, empleado en una compañía naviera en Liverpool y Port Said, y lector de filosofía, psicología, literatura e historia de la industria en la Universidad de Liverpool. Publicó varias obras de filosofía y las siguientes novelas: La primera y última humanidad (1930), Los últimos hombres en Londres (1932), Juan Raro (1936), Hacedor de estrellas (1937), Oscuridad y Luz (1942), Sirio (1944), Las llamas (1947), y Un hombre dividido (1950). La mayoría de las ideas fundamentales de la ciencia-ficción moderna procede de Hacedor de estrellas; las razas simbióticas (Eric Frank Russell, Theodore Sturgeon), los imperios galácticos (R. A. Heinlein, C. D. Simak, Isaac Asimov), las nebulosas y estrellas inteligentes (Fred Hoyle, Arthur C. Clarke). Stapledon -lector de Hegel, Marx y Spinoza, y socialista apasionado- desarrolla estas ideas como temas de meditación sobre el significado y propósito de la sociedad humana, el devenir del espíritu: "personalidad-encomunidad", y la creación y muerte del universo.