Un Mensaje de Caridad
William E. Lee
Aquel verano del año 1700 fue el más caluroso que recordaban los más viejos habitantes. Como el año iniciaba una nueva centuria, algunos aseguraban que marcaría la pauta del siglo, y que durante cien años Bay Colony sería un lugar tan tórrido como la propia India.
Hubo gran cantidad de enfermedades en Annes Towne, y muchas personas murieron antes que el tiempo cambiara a últimos de septiembre. En su mayor parte fueron personas de edad avanzada las que sucumbieron, pero también estaban enfermos algunos jóvenes, entre ellos Caridad Payne.
Caridad había cumplido once años en la primavera y aún conservaba la figura y pensamientos de una niña, pero era alta y fuerte y estaba muy tostada por el sol de Nueva Inglaterra, ya que pasaba muchas horas ayudando a su padre en los campos y tratando de poner un poco de orden en el huerto y en el patio de la casa.
Durante las semanas que permaneció en casa, y aun cierto tiempo después, le atacó la fiebre, y entonces Thomas Carter y su buena esposa Beulah, como buenos vecinos, llegaron a la casa para echar una mano, ya que la madre de Caridad había muerto al dar a luz y Obie Payne no podía hacer solo todas las cosas.
Caridad se hallaba tendida sobre un colchón relleno de paja, que su padre, ansioso de hacer todo cuanto podía por ella, y no pudiendo hacer otra cosa que musitar constantes y fervientes oraciones, cambiaba casi diariamente con paja fresca, o al menos tan a menudo como se lo permitía Beulah.
A unas millas más abajo de Harmon Brook había un famoso estanque de castores donde en el invierno la gente de Annes Towne cortaba hielo, que luego almacenaba bajo capas de corteza de árboles y astillas.
Se había gastado mucho a principios del verano y quedaba poco hielo, pero todas aquellas familias que tenían enfermos en casa recurrían a él para alivio de los pacientes.
Así, Caridad tuvo sus trozos de hielo, que colocaba sobre su frente envueltos en una tela de lana cuando más alta era la fiebre.