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Murray Leinster - Ataque Desde La Cuarta Dimension.doc
Murray Leinster - Cuatro Del Planeta Cinco.pdf
Murray Leinster - El Artilugio Tenia Un Duende.doc
Murray Leinster - El Astrologo De La Reina.doc
Murray Leinster - El Demostrador De La Cuarta Dimension.doc
Murray Leinster - El Otro Ahora.pdf
Murray Leinster - El Planeta Desierto.doc
Murray Leinster - El Planeta Solitario.doc
Murray Leinster - Guerra A Los Djinns.pdf
Murray Leinster - Inspector Colonial.docx
Murray Leinster - Inspector Colonial.pdf
Murray Leinster - La Guerra De Los Abuelos.doc
Murray Leinster - Operacion Terror.pdf
Murray Leinster - Proxima Centauri.doc
Murray Leinster - Punto De Control Lambda.pdf
Murray Leinster - Simbiosis.doc
Murray Leinster - Tallien Tres.doc
Murray Leinster - Un Logico Llamado Joe.docx
Murray Leinster - Un Yanqui En Las Miy Y Una Noches.doc
sábado, 25 de outubro de 2014
Murray Leister Galeria de Capas
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William Fitzgerald Jenkins (16 de Julho de 1896 - 8 de Junho de 1975) nasceu em Norfolk, Virgínia (EUA).
William serviu durante as duas guerras mundiais no Comitê de Informação do Exército, mas foi ao final da primeira que ele se tornou escritor free-lancer, adotando o pseudônimo.
Os primeiros trabalhos de Leinster apareceram em revistas populares, como Weird Tales e posteriormente tornou-se um nome constante na Astounding Stories, já nos anos 30.
Escreveu também com outros pseudônimos, como Will Fitzgerald e Will F. Jenkins.
Leinster foi um escritor prolífico, de prosa fácil e admirado por sua versatilidade, escrevendo em diversoss gêneros, como western, mistério e terror, mas foi com a Ficção Científica, que ganhou fama.
Leinster escreveu e publicou mais de 1.500 contos e artigos ao longo de sua carreira. Escreveu roteiro para mais de dez filmes e diversas peças para rádio e séries de televisão, incluindo Land of the Giants (Terra de Gigantes) e Time Tunnel (O Túnel do Tempo).
William Fitzgerald Jenkins (16 de Julho de 1896 - 8 de Junho de 1975) nasceu em Norfolk, Virgínia (EUA).
William serviu durante as duas guerras mundiais no Comitê de Informação do Exército, mas foi ao final da primeira que ele se tornou escritor free-lancer, adotando o pseudônimo.
Os primeiros trabalhos de Leinster apareceram em revistas populares, como Weird Tales e posteriormente tornou-se um nome constante na Astounding Stories, já nos anos 30.
Escreveu também com outros pseudônimos, como Will Fitzgerald e Will F. Jenkins.
Leinster foi um escritor prolífico, de prosa fácil e admirado por sua versatilidade, escrevendo em diversoss gêneros, como western, mistério e terror, mas foi com a Ficção Científica, que ganhou fama.
Leinster escreveu e publicou mais de 1.500 contos e artigos ao longo de sua carreira. Escreveu roteiro para mais de dez filmes e diversas peças para rádio e séries de televisão, incluindo Land of the Giants (Terra de Gigantes) e Time Tunnel (O Túnel do Tempo).
sexta-feira, 24 de outubro de 2014
Murray Leinster Biografia
EL DECANO DE LA CIENCIA FICCIÓN
«En aquellos días había
gigantes en la tierra... Hombres poderosos y renombrados desde tiempos remotos»
Génesis 6, 4.
También las subculturas
tienen figuras legendarias, y en el mundo de la ciencia ficción, Murray
Leinster fue una de ellas.
En los últimos anos de
su vida, Leinster comenzó a ser considerado como el decano de la ciencia
ficción. Su carrera, dedicada a este género de literatura, se extiende a lo
largo de cincuenta anos, lo que de por sí ya es un caso sorprendente. Pero 10
que todavía es menos corriente es que durante todo este tiempo se mantuviera
como escritor de primera fila.
A Leinster, que en la
vida real era un modesto virginiano llamado William Fitzgerald Jenkins
(1896-1975), le hubiera divertido el paralelismo bíblico; pero al igual que los
patriarcas de la antigüedad, su longevidad parecía increíble. Docenas de
escritores se desvanecieron en el olvido, escuelas enteras de diversos estilos
literarios aparecieron, florecieron y murieron, mientras Leinster seguía
adelante.
Ello requirió, además de
una especial habilidad, una dedicación poco común. Hoy día, cuando la ciencia
ficción se ensena incluso en las universidades, y una sola película de este
género de buena calidad tiene grandes posibilidades de proporcionar unas
ganancias brutas de 100 millones de dólares, es difícil hacerse cargo de la
dedicación requerida por escritores como Leinster para hacer de algo marginal y
poco apreciado, como era el género literario que cultivaban, una obra de la que
tanto ellos como sus lectores podían sentirse legítimamente orgullosos.
Un escritor, pionero
también de aquellos primeros tiempos, comentó una vez que el escribir ciencia
ficción daba más trabajo y menos dinero que colocar ladrillos; él lo había
hecho y sabía lo que decía. La albañilería está hoy día mucho mejor pagada que
entonces, y lo mismo puede decirse de la ciencia ficción pero, tanto entonces
como ahora, siempre ha habido medios más fáciles de ganarse la vida que
dedicándose a ella.
Es importante recordar
que los pioneros de la ciencia ficción eran, por lo general, escritores
comerciales. Nunca hablaban de arte ni de literatura, si no más bien de
«artesanía» y de niveles «profesionales». Pero eso no quiere decir, como
algunos críticos actuales poco informados parecen pensar, que aquellos
escritores no valoraran su trabajo. La ciencia ficción podría tener hoy mucho
más prestigio si algunos de esos críticos, y sus autores favoritos, amaran el
género tanto, como lo hicieron Leinster y algunos de sus colegas.
Cuando Leinster comenzó
a escribir ciencia ficción, ni siquiera se la conocía por ese nombre. No
existían revistas dedicadas a ella, y lo que se llamaban «novelas científicas»
o «historias diferentes», aparecían, por lo general, en publicaciones baratas
de aventuras, donde se alternaban con relatos del Oeste, novelas de espionaje,
detectivescas, cuentos de terror y narraciones por el estilo. La ciencia
ficción no tenía una identidad diferenciada ni unos niveles literarios
reconocidos en general.
El primer relato de
Leinster, «El rascacielos fugitivo» (1919), es el modelo típico de lo que
quería un mercado que iba en busca de novelas emocionantes, pero que no sabía
apreciar todavía la lógica y la imaginación científicas de aquellos cuentos. Un
rascacielos neoyorquino retrocede dc repente en el tiempo -no importa el cómo
ni el porqué- y sus habitantes tienen que aprender a luchar y desenvolverse en
un entorno salvaje.
Sin embargo, incluso en
sus primeras obras, Leinster introdujo un nuevo tipo de imaginación en estas
revistas baratas de aventuras. «El planeta loco» (1920), seguía la tradición de
la «novela científica», sumergiendo a seres humanos reducidos al estado
salvaje, en la lucha por su supervivencia en un mundo poblado por insectos y
hongos de tamaño gigantesco. Y, no obstante, esta obra sigue produciendo en la
actualidad la sensación de algo fresco y vivo.
A Leinster le fascinaba
el mundo de los insectos y, con ellos, no sólo asusta a sus lectores, sino que
también les comunica su propia fascinación.
Cuando el mercado
comenzó a pedir narraciones sobre científicos dementes que amenazaban la
supervivencia del planeta con sus locos inventos, Leinster supo crearlas, pero
conservando siempre en ellas un sentido de la lógica que las diferenciaba. En
«La ciudad de los ciegos» (1929), el invento criminal de un científico sume a
Nueva York en la oscuridad para encubrir una oleada de robos. Pero solamente a
Leinster pudo ocurrírsele el considerar los efectos que este invento podía
ejercer sobre el clima.
Sin embargo, Murray
Leinster no se limitó tan sólo a mejorar los temas y modelos existentes, sino
que introdujo temas nuevos en sus escritos. «A través del tiempo», es ya un
clásico en este sentido. Se trata de la narración de ciencia ficción más
influyente que jamás se haya escrito, al desarrollar el concepto de «mundos
paralelos», mundos que existen en el mismo «tiempo» que el nuestro, pero en los
que la historia natural o humana ha seguido un camino diferente. Esta idea ha
sido desde entonces adoptada y desarrollada por multitud de escritores, entre
los que figuran H. Bean Piper y Keith Laumer. Se sabe incluso que algunos
físicos se han interesado seriamente por el tema y lo están estudiando. Por
supuesto no los detalles específicos, pero sí el concepto de que nuestro
universo puede no ser el único en este espacio-tiempo continuo.
Leinster no era en
absoluto un teórico pesado; era un hombre capaz de divertirse con sus ideas y
compartir su diversión con los lectores. «El demostrador de la cuarta
dimensión» es como la continuación del viejo sueno de fabricar oro, pero a
nadie de los que antes que él escribieron sobre la avaricia, se le ocurrió que
un invento de producir riqueza de la nada también podría hacer lo mismo con
otras cosas, incluso fabricar amigas...
Otra de sus más
divertidas y curiosas narraciones, además de increíblemente profética, es «Un
lógico llamado Joe». En la época en que la escribió casi nadie tenia menor idea
sobre máquinas computadoras, y a nadie se le pudo ocurrir que un día pudieran
existir y encontrarse en todas partes terminales de información procedente de
computadoras, con el consiguiente séquito de problemas que ello comportaría,
Resulta divertido (y muy serio, si bien se piensa), leer sobre personas que
piden información computada sobre la manera de robar bancos o la forma de curar
la concupiscencia de sus vecinos, pero es tanto más curioso porque sabemos que
a Leinster se le ocurrían ideas en las que nadie había pensado antes.
El tipo de imaginación
de Leinster no era meramente una afectación literaria, sino una parte básica
del hombre mismo. Cuando no escribía es que estaba inventando. Tenía un
laboratorio en su casa, y alguno de sus inventos poseen todas las
características de la ciencia ficción.
Los Sistemas Jenkins,
ampliamente usados en televisión y en el cine, se basan en un aparato que
permite proyectar sobre una pantalla especial escenas de fondo sin que se note
sobre los actores situados en primer plano ante la pantalla. Según lo describe
su inventor (que firma Will F. Jenkins -Murray Leinster), en la obra «La
ciencia ficción aplicada», el sistema depende del conocimiento preciso de los
diferentes modos en que la luz puede ser reflejada. Pero depende también de una
cierta psicología: la de un hombre que es capaz de ver cómo puede aplicarse un
fenómeno tan natural.
El inventar es la manera
de resolver problemas, y una de las formas favoritas de Leinster de escribir
novelas, especialmente en sus últimos anos, fue lo que en general se llama la
narración de problema científico. «Diferencia crítica» es una obra de esa serie
que escribió en la década de 1950, y su propia experiencia en resolver
problemas científicos se refleja en el modo en que su héroe resuelve la crisis
natural que amenaza la existencia humana en el sistema planetario de una
estrella insospechadamente variable. Este mismo tipo de penetración lo
encontramos, no obstante, ya en los comienzos de su carrera, con la historia de
Burl, el ser primitivo que descubre cómo usar su cerebro para sobrevivir en un
entorno salvaje, en la narración «El planeta loco».
Leinster era un
racionalista, término que a menudo parece peyorativo, quizás por su asociación
con el lúgubre utilitarismo de la Escuela de Grandgrind del libro de Dickens
Tiempos Difíciles. Leinster, que lo fue todo menos un Grandgrind, recibió la razón
como una parte del componente normal de humanidad, y sus historias son siempre
dramas humanos no meramente ejercicios para hacer en clase.
Con todo, nunca se
excedió al presentar su filosofía en la ficción. En una de sus Historias
Médicas, referente a un médico que debe resolver casos de urgencia en planetas
lejanos, incluye citas de aforismos chistosos de un libro imaginario denominado
La práctica de pensar, de Fitzgerald. Muchos de sus lectores, intrigados,
estuvieron asediándole luego durante anos para que les dijera dónde podían
obtener tal libro.
Tampoco olvidó nunca el
detalle humano. En sus vehículos interplanetarios suenan discos grabados que
recogen sonidos como: «el repiqueteo de la lluvia, el sonido del tráfico, el
del viento en la copa de los árboles, y voces tan tenues que en ellas no se
distinguen las palabras, una música casi inaudible, y, a veces, risas. En la
grabación de fondo no había Información; sólo la seguridad de que todavía
existían mundos con nubes y personas y criaturas que vivían en ellos».
«El primer Encuentro» es
el más famoso de los relatos de Leinster sobre el tema de los contactos entre
hombres y seres desconocidos. En la narración les ve compartiendo las mismas
debilidades -miedo, avaricia y desconfianza- pero también la misma fuerza que
proporciona la vida inteligente en todas partes: la habilidad para hacer uso de
la razón y sobreponerse a sus propias debilidades y a los problemas que les
depara el medio ambiente en el que viven. Esta historia le valió a Leinster el
honor de ser incluido en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción (The Science
Fiction Hall of Fame), volumen que contenía narraciones, con la categoría de
clásicas de todos los tiempos, escogidas por votación por los Escritores de
Ciencia Ficción de América.
«El primer encuentro»
dio ocasión a un pequeño roce ideológico en 1959, cuando el escritor soviético
de ciencia ficción Iván Yefremov publicó «El corazón de la serpiente», historia
en la que los humanos y los extraños entran en relación amistosa y no tienen
ninguna clase de conflicto entre ellos porque todos son buenos comunistas. Uno
de los personajes del cuento de Yefremov habla desdeñosamente de «El primer
encuentro», y ve en su autor «el corazón de una serpiente venenosa». Con su
característica modestia y señorío, Leinster se negó a la polémica, y en cierta
ocasión expresó más pesar por el aparente prejuicio de Yefremov contra las
serpientes que por las críticas que había expresado en contra de él.
En «El planeta
solitario», por contraste, los momentos difíciles han sido provocados todos por
la ignorancia, la malicia, la ambición y la estupidez integral de los humanos.
La simpatía de Leinster por el mundo todo cerebro de Alyx, es una de sus
características -y un rasgo de la ciencia ficción en general durante los
últimos cuarenta anos. También hay quienes, no excesivamente bien informados,
creen que esta actitud se ha desarrollado solamente durante la última década, y
por lo general entre los que así piensan.
En la década de los anos
treinta, Leinster escribió varias historias realistas sobre futuras
confrontaciones bélicas, como «Blindados» y «Política». En «Simbiosis» vuelve
al tema de la guerra del futuro, pero de una manera mucho más sutil. Kantolia
parece indefensa: ni carros de combate, ni aviones o artillería pesada, ni
fantásticos rayos de la muerte. Pero tiene un arma realmente mortal, y los
invasores se encuentran indefensos ante ella. El hecho de que un hombre con una
conciencia atribulada tenga que decidir sobre el uso de esta arma, hace que la
historia sea también muy humana.
«El poder» es una
narración de ciencia ficción situada en una época en que la ciencia ficción no
hubiera sido posible. Antes de que pueda haber ciencia o ciencia ficción, tiene
que existir la clase de imaginación que las haga posibles a ambas. jPobre
Carolus; ve, pero no sabe observar, y mucho menos comprender!
Una sola antología no
podría abarcar probablemente todas las mejores historias de un hombre que
durante cinco décadas estuvo escribiendo regularmente para el mercado de
ciencia ficción, e incluso hay tipos de ciencia ficción que Leinster escribió,
que no podrían estar representadas aquí a causa de la limitación de espacio. Y
hay también, por supuesto; novelas como «El planeta olvidado» basada en «El
planeta loco» y sus derivaciones.
Los lectores no tuvieron
siempre la suerte de encontrar a Leinster en sus momentos más logrados. Después
de abandonar una compañía de seguros a la edad de veintiún anos -su jefe
pretendió obligarle a hacer algo que él consideró falto de ética, por lo que
después de decirle a aquel señor unas cuantas palabras dejó el empleo- Leinster
comenzó a vivir de la literatura, escribiendo ciencia ficción además de otros
temas. Por desgracia, parece ser que algunos de sus editores preferían reeditar
cualquiera de sus obras escritas rápidamente para ganarse la vida, que publicar
sus obras clásicas. Hay que añadir a esto que algunos editores eran incapaces
de ver la diferencia entre ellas incluso mientras él vivía.
Una de sus novelas,
publicada por entregas en una revista, trataba de la piratería en el espacio.
Este tema, ya viejo y del que se había abusado, fue redimido por Leinster en el
momento cumbre de una de sus obras; en la que el héroe de la novela hace uso de
sus conocimientos del sistema de comunicación de la nave asaltada para volver
locos a los piratas. Cuando un editor de libros de bolsillo aceptó la novela,
hizo cortar virtualmente la mayor parte de lo mejor de la obra sin informar
siquiera de ello al autor.
En tiempos recientes
parece que se ha puesto de moda despreciar a los pioneros de la ciencia
ficción. Un autor contemporáneo dio de lado a Leinster pretenciosamente
comentando que no era ningún Dostoievski, comentarlo que significa más o menos
como decir que Scott Joplin no era un Beethoven.
Leinster, por supuesto,
jamás pretendió ser un Dostoievski o cualquier otro escritor de esa categoría. Tendría
el orgullo de hacer bien lo que hacia, pero nunca fue vanidoso. Y, sin embargo,
fue él y fueron otros como él quienes crearon una nueva clase de ficción, con
sus temas y tradiciones propios. Sin ellos, los actuales escritores de ciencia
ficción no tendrían ningún material para convertir en literatura; en realidad,
tales escritores ni siquiera existirían.
Leinster fue un pionero
de la imaginación científica en la ficción. Y más aún que un pionero, pues ello
no seria suficiente para que valiera la pena leerlo hoy día. La historia de
cualquier género literario está llena de trabajos pioneros que solamente siguen
teniendo interés para los estudiosos, y muchos de ellos pueden encontrarse en
las revistas de ciencia ficción de hace treinta o cuarenta anos. Los clásicos
de Leinster han escapado a este destino.
Claro que se puede
distinguir cuáles de esos relatos fueron escritos en los anos treinta y cuáles
lo fueron en los anos cincuenta; los estilos, después de todo, también cambian;
pero sus narraciones no parecen tener edad. «El demostrador de la cuarta
dimensión» por ejemplo, podría servir de base para un guión televisivo que se
preparara mañana, con muy pocos retoques por cierto. Dada la naturaleza humana,
los problemas éticos de «El primer encuentro» son tan reales hoy como lo eran
en 1944, aunque haya que lamentar ciertas referencias étnicas inspiradas por la
Segunda Guerra Mundial.
Leinster fue un hombre
interesado por el mundo, por la gente y las ideas. Demasiados escritores
parecen incapaces de interesarse por cualquier cosa que no sea ellos mismos. De
la misma manera que el mejor maestro es aquel que se entusiasma con la materia
que está ensenando, el mejor escritor es el que vibra con lo que está
escribiendo. Leinster podía hacerlo y lo hizo, y por eso sus relatos siguen
comunicándonos ese entusiasmo suyo.
Desde las aventuras en mundos paralelos de la
obra «A través del tiempo» a los conflictos morales de «El primer encuentro»,
sigue valiendo la pena leer las obras de Murray Leinster.
John J. Pierce
28 de junio de
1977Introducción a Inspector Colonial
quinta-feira, 23 de outubro de 2014
Charles Sheffield Biblioteca
Link geral: http://minhateca.com.br/Herman.Schmitz/Marcianos.Cinema/Autores/Charles+Sheffield
Libros:
Charles Sheffield - Georgia En Mi Mente.doc
Charles Sheffield - Las Cronicas De Mcandrew.pdf
Charles Sheffield - Proteo.rtf
SHEFFIELD CHARLES - Marea Estival.RTF
Sheffield, Charles - Entre Los Latidos De La Noche.rtf
Libros:
Charles Sheffield - Georgia En Mi Mente.doc
Charles Sheffield - Las Cronicas De Mcandrew.pdf
Charles Sheffield - Proteo.rtf
SHEFFIELD CHARLES - Marea Estival.RTF
Sheffield, Charles - Entre Los Latidos De La Noche.rtf
Charles Sheffield — Ciencia Ficción Hard
Los escritores, lectores y críticos de ciencia ficción solemos fracasar a la hora de definir correctamente el género. No obstante, todos coincidimos en que existe una particular rama que se suele denominar «ciencia ficción hará». Los adeptos a esta variante opinan que es la única subdivisión que justifica la palabra «ciencia» en la ciencia ficción, y que todo lo demás es mera fantasía. Y para describir esta especialidad emplean adjetivos como «auténtica», «científicamente correcta», «extrapolativa» o «ingeniosa». A quienes no les gusta, les parece pesada y aburrida, y la describen como «desprovista de personajes», «mecánica», «puros artefactos», o «cohetes y pistolas de rayos». Hay quienes no soportan la ciencia ficción hard... y hay quienes no saben leer otra cosa.
La ciencia ficción hard puede definirse de modos muy diversos. Mi definición favorita es de corte operativo: si uno puede suprimir de un relato la ciencia y la especulación científica sin perjudicarlo mucho, no es ciencia ficción hard. Otra definición popular que no me gusta tanto es ésta: en un relato de ciencia ficción hard, las técnicas científicas de observación, análisis, teoría lógica y ensayos experimentales deben emplearse indistintamente de dónde o cuándo transcurra la escena. El problema que encuentro a esta definición es que, de aceptarla, muchos relatos de misterio se incluirían en el género de la ciencia ficción hard.
Sea cual sea la definición correcta, no suele haber dificultad a la hora de decidir si un libro es o no de ciencia ficción hard. Y si bien un escritor nunca sabe bien qué ha escrito en un libro, y los lectores a menudo extraen cosas que nunca fueron incluidas conscientemente, creo sin lugar a dudas que el libro que tienen entre las manos es de ciencia ficción hard. Espero que, sobre todo, sea leído como tal. Siendo así, asumo una especial responsabilidad para con el lector, que deriva de mis primeras experiencias con la ciencia ficción.
Descubrí el género por mí mismo siendo adolescente (como casi todo el mundo que conozco: en la escuela nos torturaban con Wordsworth y Bunyan, mientras Clarke y Heinlein eran placeres privados para después de clase). Lo que sabía de ciencia auténtica era muy poco; así, devoraba todo lo que caía en mis manos y luego regurgitaba a mis amigos todo aquello que las revistas de ciencia ficción etiquetaban de «científico». Eso no tardó en forjarme una reputación de persona avezada en teorías y datos, muchos de ellos erróneos, y otros decididamente insólitos. Los escritores no se molestaban en distinguir las teorías científicas, que tomaban prestadas, de las originales especulaciones nada sistemáticas que inventaban en sus relatos. Yo tampoco.
Lo sabía todo sobre los canales de Marte, los estanques de polvo de la Luna, las ciénagas de Venus, la propulsión de Dean, la dianética, y la máquina de Hieronymus. Creía que el hombre estaba más emparentado con el cerdo que con el mono; que los átomos eran sistemas solares en miniatura; que uno podía lanzar un hombre a la Luna con un cañón (creencia que no subsistió a mi primer semestre de Dinámica); que la glándula pineal era sin duda un rudimentario tercer eje y probablemente el asiento de las facultades paranormales; que los experimentos de Rhine en la Universidad Duke habían hecho de la telepatía una rama incuestionable de la ciencia moderna; que con un poco de ingenio y algunas piezas electrónicas uno podía construir en el jardín trasero de su casa una nave espacial para llegar a la Luna; y que, por muchas razas extrañas que hubiese dispersas por toda la galaxia, los humanos siempre serían la especie más inteligente, maravillosa y mejor dotada del universo.
Esto último tal vez sea verdad. Como había señalado Pogo tiempo atrás, verdadero o falso, en ambos sentidos es un juicio sumamente sensato.
Lo que necesitaba era un resumen sintetizado, una «chuleta» oficial. En el colegio las había sobre las obras de Shakespeare. Eran pequeños resúmenes sorprendentemente buenos que perfilaban el argumento, decían quién hacía qué y por qué, y hasta nos informaban exactamente en qué pensaba Shakespeare cuando escribió la obra. Si no decían qué había almorzado ese día era sólo porque esa pregunta nunca aparecía en los exámenes.
En aquel entonces no lo sabía, pero lo que me faltaba eran las «chuletas». De haber tenido la información equivalente respecto a la ciencia ficción, no habría asegurado a mis amigos (como hice) que los cerebros de los robots industriales funcionaban con positrones, que los libros de Dirac y Blackett nos conducirían a una propulsión más rápida que la luz, o que en los cuadernos de Leonardo da Vinci estaban todos los detalles necesarios para construir un cohete capaz de volar hasta la Luna.
Como ya dijo Mark Twain, lo que produce problemas no es lo que no sabemos, sino lo que sabemos que no es así( ). Por eso este libro viene con «chuleta» incluida. El Apéndice elucida la ciencia real, que se basa en las teorías de hoy y es coherente con ellas (aunque tal vez no con las de mañana), y la separa de la «ciencia» que he inventado en estos relatos. He intentado trazar una clara línea divisoria, en el umbral donde los hechos se detienen para dejar paso a la ficción. Pero incluso el material inventado pretende ser coherente con lo que hoy se conoce, y partir de la ciencia actual. No contradice las teorías vigentes, si bien no encontrarán ningún trabajo sobre él en el Physical Review ni en el Astrophysical Journal.
Es decir, aún no. Pero dentro de unos años... ¿quién sabe?
CHARLES SHEFFIELD, INTRODUCCIÓN a LAS CRÓNICAS DE McANDREW, noviembre de 1982.
Charles Sheffield Covers and Bio
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Sheffield, Charles
(1935–2002)
Charles Sheffield had a background in physics and technical writing, so it was not surprising that when he turned to writing fiction in the late 1970s, he made use of his expertise and gained an immediate reputation as a promising new writer of hard science fiction. His stories were solidly grounded and entertaining, but it was with his novels that he began to emerge as more than just a casual phenomenon. His debut novel, Sight of Proteus (1978), speculated about a technology so advanced that it seemed almost magical. Humans could reshape their bodies, almost at will, in order to achieve specific purposes, but an unauthorized experiment leads to contact with aliens. A later sequel, Proteus Unbound (1989), added little to the development of the premise and concentrated on efforts to contain a man determined to undermine the system. A third, Proteus in the Underworld (1995), poses interesting ethical questions when it appears that a sudden eruption of strange and malevolent forms of life has evolved from artificially altered human tissue.
Sheffield’s second novel, The Web Between the Worlds (1979), was set in a much nearer future time and involved the construction of a skyhook— literally a physical bridge between the Earth and a geosynchronously orbiting satellite. The novel is frequently contrasted to a very similar theme in The Fountains of Paradise (1979) by Arthur C. CLARKE, who independently developed the concept. Sheffield’s credentials as a hard science fiction writer were further buoyed by the publication of two collections of his short stories, Vectors (1979) and Hidden Variables (1981).Just as readers were beginning to believe they knew what to expect from Sheffield, he began experimenting with different forms including a series of fantasies about Charles Darwin’s grandfather. My Brother’s Keeper (1982) felt like a contemporary thriller despite its speculative premise. The protagonist has portions of his dead brother’s brain implanted in his own skull, acquires access to some of his memories, and sets out to complete his final mission. Another series of shorts about a precocious inventor were collected as The McAndrew Chronicles (1983, expanded in 1993 as One Man’s Universe, and again in 2000 as The Compleat McAndrew).
Between the Strokes of Night (1985, expanded in 2002) is an elaborate space opera that reflects the author’s apparent ambivalence about the future of the human race. Earth has been rendered uninhabitable by a nuclear war, but survivors elsewhere in the solar system have reached the stars. The Nimrod Hunt (1986, expanded in 1993 as The Mind Pool), owes its inspiration to the BERSERKER SERIES by Fred SABERHAGEN, although Sheffield’s version is substantially different, and more immediately chilling. Most of civilization has been destroyed by another war in Trader’s World (1988), one of Sheffield’s best novels. The Traders are a sort of extra-national organization that conducts commerce and liaison among the new political entities arising in the aftermath, but their apparent neutrality conceals a hidden agenda.
Summertide (1990) introduced the Heritage Universe. Scientists, entrepreneurs, and the merely curious flock to a star system where a very rare solar change is about to occur, possibly linked to mysterious alien artifacts present nearby. The absent aliens left behind myriad traps and tests, which almost wipe out a party of explorers in Divergence (1991). In Transcendence (1992), the aliens prove to be dormant, not extinct. Once awakened, they engage in an ambitious plan to assert their power. Convergence (1997) and Resurgence (2002) extend the sequence without reaching a definite conclusion. Cold As Ice (1992) inaugurated another series. Once again, a major war has devastated much of humanity, which has established colonies throughout the inner solar system. Plans to create a new colony on the moon Europa lead to a new crisis, with some interesting commentary on the conflict of interest between those who wish to exploit natural resources and those who prefer to preserve them. The Ganymede Club (1995) expands on the situation and provides much more detail about life in the artificial habitats outside Earth. The arrival of aliens in the final installment, Dark As Day (2002), precipitates the decision to unite to meet the new challenge. This trilogy seems likely to stand as Sheffield’s most accomplished work, with its sophisticated understanding of the intricacies of human politics and the contradictions inherent in human society, no matter how the outward form may change. Brother to Dragons (1992) is set in the aftermath of an economic collapse, seen from the viewpoint of an unlikely teenaged hero who grows to maturity and saves the world from a new plague. Godspeed (1993) is a lost colony story that has many parallels to Treasure Island by Robert Louis Stevenson. Cut off from Earth, settlers on a distant world struggle to battle not only their new environment, but also the depredations of space traveling pirates.Higher Education (1996), written in collaboration with Jerry POURNELLE, was the first of several books Sheffield wrote for the young adult market, all of which are of exceptionally high quality and are quite similar in plot if not setting. A troubled teenager drops out of school and becomes a miner in the asteroid belt, where he matures and eventually solves a murder. Sheffield’s other young adult novels are The Billion Dollar Boy (1997), whose teenaged protagonist is a rich kid who is accidentally transported to a mining world where he grows out of his preconceptions of life. A second, Putting Up Roots (1997), focused on two teenagers who are unhappy about their relocation to a colony world until they get caught up in a first contact situation. The third, The Cyborg from Earth (1998), centers on another troubled teenager, this one a washed out astronaut trainee who undertakes a dangerous mission.
Sheffield’s last few adult novels were a decidedly mixed bag. Tomorrow and Tomorrow (1997), the story of a man who awakens from suspended animation into a very different world, contains some interesting speculation but is unusually slow paced for Sheffield. Aftermath (1998) shows civilization on Earth destroyed once again, this time because Alpha Centauri becomes a supernova and bombards the Earth with particles generated by the explosion. Efforts to build a shield run into difficulties in the sequel, Starfire (1999), due to the efforts of fanatics to sabotage the project because they believe that humanity should be allowed to die out. The Spheres of Heaven (2001) is an ambitious space opera in which a race of aliens who eschew violence quarantines the solar system to prevent humanity from spreading its brand of belligerence, but their efforts prove to be inadequate.
Sheffield was a reasonably prolific short story writer throughout his career. “Georgia on My Mind” (1993) won both the Hugo and Nebula Awards. Much of his later fiction has been collected in Dancing with Myself (1993), Georgia on My Mind and Other Places (1995), and The Lady Vanishes and Other Oddities of Nature (2002). He was a reliable writer with a strong scientific background that he used when necessary, but he was also willing to experiment with other forms and styles including fantasy, humor, and even the contemporary thriller. His protagonists tend to be very much alike, and Sheffield probably identified them with himself. He always seemed to be concerned that human shortcomings would prevent us from maturing enough to explore the physical universe, but was also confident that if we did finally mature, we would find wondrous things awaiting us.Don D'Ammassa, Encyclopedia of Sience Fiction, 2005
quinta-feira, 9 de outubro de 2014
Kurt Vonnegut Capas
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VONNEGUT, KURT (1922-2007), USA
Kurt Vonnegut was born in Indianapolis in 1922 and served in the US Army during the Second World War. He was captured by the Germans and incarcerated as a prisoner of war in Dresden. Vonnegut survived the saturation bombing of the city and the appalling firestorm that followed, and returned to the USA on his release from captivity. During the 1950s he began his writing career.
As an author, Vonnegut has, perfectly reasonably, distanced himself from categorization as an SFauthor. His work is undoubtedly LITERARY and often surreal, and it was with a succession of more mainstreamorientated novels that he made his name. Nevertheless, his SF remains important to the genre: it can bask in the reflected glory of the satirical content, dry, humane wit and insightful genius of Vonnegut's work.
Vonnegut's first novel, Player Piano (1952) portrays an encroaching DYSTOPIA as the human race hands over first business and manufacture, and then political decision-making to computers, prototypical ARTIFICIAL INTELLIGENCES. As in much of Vonnegut's fiction to come, the novel views the human race with a kind of amused but compassionate disbelief.
His next novel, The Sirens of Titan (1959), depicted the human race casually raised from animal ignornaceto sentience by an indifferent ALIEN race that wishes only for humanity to build them a spare part for a probe that has been stuck out on Titan for fifty thousand years. The novel is, among other things, a fine example of COMIC SF.Slaughterhouse-Five (1969) tackles Vonnegut's personal response to the Dresden firestorm. The novel is simultaneously bitter, hilarious, and harrowing. Its anti-war message is all the more effective for being subtly delivered. The protagonist, Billy Pilgrim, is whisked away to an alien PLANET (which happens to be the home world of the aliens that feature in The Sirens of Titan) where he learns that time is not necessarily moving in a linear fashion. He gladly sacrifices his life as a member of the human race, a race of which he is growing tired, to travel through various moments of TIME and SPACE with the aliens. Slaughterhouse-Five was the novel with which Vonnegut achieved wide recognition as one of the most important post-war American writers.
Other important Vonnegut titles include Cat's Cradle (1963), which describes the creation of Ice-Nine, a chemical construct that ultimately brings about an ECOLOGICAL disaster for the planet, and Galapagos (1985), which features, among other delights, a society of devolved seallike humans.
Many of Vonnegut's other novels exist on the borders of genre fiction, and some of them feature the fictional character Kilgore Trout, a science fiction writer who is said to have been modelled on THEODORE STURGEON.Vonnegut's best short fiction is collected in Canary in a Cat House (1961) and Welcome to the Monkey House (1968).
MANN, George. The Mammoth Encyclopedia of SCIENCE FICTION. 2001.
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